Bienvenid@s!

No soy feminista. Tampoco lesbiana. Y mucho menos homofóbica. Escribo por diversión y porque necesito conocerme más, y resulta que me lo recomendaron
.

viernes, 10 de febrero de 2012

Cosas que me hacen llorar I

Nunca me dio roche llorar en público. Bueno, no después que decidí estudiar Artes Escénicas. Todas aquellas veces en las que solía llorar como María Magdalena producto de ver una obra de teatro o leer algo que tendía a emocionarme hasta las lágrimas, mi mejor amigo gay me decía que, de algún modo, en mi corazoncito aún loquito de amor, sentía una identificación entre lo que estaba espectando y lo que en esos momentos estaba viviendo. Y era verdad. Sólo bastaba una frase que estremeciera mi corazón como para, automáticamente, hacer que me brotaran lagrimones de mis ojos.


Esta tarde venía del trabajo y qué mejor manera de despejarse leyendo Galería, una revista artie limeña contemporánea, que por cierto me considero lectora adicta. Bueno, me topé con esta historia de un lector... y después de mucho tiempo, me volví a sentir identificada con esta historia...fue un remesón... y ya saben lo que esto produjo en mí.


La carta decía:
"Mientras lo veo dormir me enfurece pensar en por qué no pone más de su parte. Tirado ahí sobre su cama con las luces apagadas, es la fotografía perfecta del chico que prefiere no enfrentar sus problemas, el que no sabe lo que quiere en la vida, el que me pidió 'un tiempo'. Pero si la idea de 'un tiempo' era generar espacio, ¿por qué me escribe todos los días por el móvil para preguntarme cómo desperté, qué voy a almorzar, cómo va mi trabajo y desearme buenas noches? ¿Por qué me pide casi una agenda de lo que voy a hacer estos fines de semana de verano? ¿Será porque no puede vivir sin mí, o porque le duele mucho dejarme ir?
Sea como sea, a mí esta situación no me deja "ser". Siento que con cada cosa que hago rompo alguna regla, me cuestiono toda acción y cuando me divierto me arrepiento. Ningún sacrificio parece lo suficientemente grande, ya se me acabaron las coartadas, ya no distingo un 'chau' de un 'adiós'. Y aquí, parado en la puerta de su cuarto, cierro los ojos y quisiera volver a ilusionarme con el amor que teníamos, pero me doy cuenta de que mi corazón late ahora más lento y con miedo. No sé si quedarme y despertarlo para hablar una vez más con él y luchar por mi amor, o bajar las escaleras e irme, dejar las esperanzas atrás y acostumbrarme a verlo vivir su vida. ¿Qué debo hacer? 
Nacho"
Revista Galería #10, 02/2012