Dejé a mi ex hace como un año. O
sea que hace un año más o menos lo convertí en ex. Y yo también, sea de paso,
me convertí en lo mismo. La cuestión es que celebré cuando eso pasó. Tanto que
al final me sentía tan vacía que reaparecí cuatro meses después y me fui a
parar a la puerta de su casa para decirle que me perdone, que lo quería de
vuelta. A pesar que no era la primera vez que lo cortaba, estaba casi segura
que él me iba a perdonar e iba a seguir todo como era antes. Pero ahora sí que
había llegado tarde. Fueron los meses y la distancia que, bueno, ambos tomamos
lo que hizo que de nuevo las cosas no funcionaran. Sin embargo, después de
muchas cosas de por medio, de unos cuantos tropezones, remebers, etc, volvimos
a estar en esto de mandarnos mensajitos y estar al tanto del otro, pero era una
cojudez. Así que decidí cortarla. Y qué pasaría después. Obviamente, la
friendzoneada. Me comenzó a friendzonear, para lo cual no estaba preparada. Sin
embargo, ya me la estaba oliendo, comenzó a tratarme explícitamente como “una
amiga más”. Hasta me decía “amiguita”. Guardo un asco excesivo con el
diminutivo de cada palabra, especialmente con esta. Me sonaba de muy mal gusto
y casi atormentador que me tildase de esa manera. Así que decidí cortarle por
lo sano y sin decirle la razón por la que lo hacía le dejé de hablar en
seguida. Dejaba en “visto” sus mensajes en Facebook y no respondía a ninguna de
sus insinuaciones a través de otras redes sociales, ya sea instagram, twitter
entre otras. Me alejé nuevamente de él para darle más proyección a mi vida así
como un nuevo respiro. Sentía que era hora de dejar de lado aquel viejo amor el
cual no obtendría nada más que recuerdos. Y aquí es donde estoy porque de la
extraña sensación de “ahora sí estoy logrando pensar las cosas positivamente y
ser soltera es lo mejor que me puede pasar en la vida” estoy pasando a sentir
ese miedo que crece lentamente, no sé si en mi cabeza o en la boca del colón,
que produce esa extraña sensación que asemejo mucho con cagar.
He llegado hasta este punto en el
que me encuentro con dos alternativas de solución, excluyentes una de la otra:
la primera es que yo encuentre a alguien exitosamente y me olvide por completo
de lo pasado; la otra es que él encuentre a alguien y olvide por completo lo
pasado conmigo. Y mi gran temor radica en la segunda, temo tener que verlo con
otra y acostumbrarme a ello. No voy a ser, prometo no ser de esas desgraciadas
que no comen ni dejan comer. Siempre trataré de recordar que yo fui la que lo
dejé y si ahora está saliendo con alguien o se encuentra en pleno jileo,
prometo no ser la piedra en la taba, el cayo en el pie joven, el pegaloco en la
pared.
Si hay algo cierto en toda esta
historia es que lo quise y aún guardo [y quiero guardarle hasta que él me lo
permita] el respeto que todo ex mío se merece. No es ningún estúpido como lo
pintan mis amigas. Existe algo que las chicas que ahora lo miran con ojos de
carnada deben de saber: esa mirada de oso bonachón y de no matar una mosca es
enteramente engañosa. A pesar de ello, es el hombre más fiel que he podido
encontrar, más sincero y más apasionado; y me siento orgullosa y estúpida a la
vez de tenerlo como ex. Pero me va a tener que disculpar porque no puedo permitir
que me tenga como amiga. No ahora que sé que podría estar compartiendo esta
noche con alguien mientras yo escribo esto sobre él. Sé que es complicado que
volvamos, tan complicado como comprobar que la luna es más grande que la tierra.
No te pido que seamos novios nuevamente, no me confundas. Al contrario, espero
que seas muy feliz con quién elijas desde ahora compartir tu vida. Pero
recuerda que no debe ser tan perra como yo lo fui contigo. Debe de ser buena en
todos los aspectos; tan buena como yo aprendí a ser sin ti, tan buena como sólo
tú mereces tener a una mujer como esa a tu lado.
Si en algún momento te acercaste
con ánimos no de volver pero sí de pedir carta de recomendación, acepta estas
humildes líneas que dediqué esta noche para ti. Si en verdad querías buscar una
reconciliación y una verdadera amistad, pues ya sabes mi respuesta. Ahora ¿Quieres
saber si esto me duele? – Creo que yo te haría esa pregunta si me encontrara en
tu lugar- La respuestas es que más me duele no tener que hacerlo.
Pero sí. Duele. Como cuando se te
mete base de maquillaje al ojo. Como cuando llegas tarde a tu casa y no te han
guardado comida. Como cuando te pegan directamente en la nariz con una
almohada.