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No soy feminista. Tampoco lesbiana. Y mucho menos homofóbica. Escribo por diversión y porque necesito conocerme más, y resulta que me lo recomendaron
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sábado, 7 de enero de 2012

Ese HijodePuta que todas hemos tenido

Una limeña no puede hacer ni dejar de hacer cosas sin tener, mínimo, una buena amiga al lado que la acompañe, consuele nuestras mierdas, complique las cosas, las mejores o nos haga poner en duda en ciertas ocasiones, que nos lance a hacer cosas por nosotras mismas cuando creemos impensables poder realizarlas… en fin, una amiga lo es TODO para una limeña. Y es mi caso.

Inclusive llegan a estar tanto en sintonía que sueñan las mismas cosas, comparten las mismas cosas, hasta tienden a gustarles las mismas cosas –lo cual podría ser peligroso- pero siempre, a pesar de todo, está dispuesta a dejar de salir una noche con su chico, perderse EL sexo de su vida, o de dejar al pata que les cayó en la discoteca esa noche por irte a consolar mientras tu lloras al costado del sanitario hecha mierda porque viste a tu novio con otra; ella que está dispuesta a quedarse sin neuronas por pensar en las venganzas que le deberían hacer a tu ex-estúpido. Ahora que lo escribo, en realidad, las amigas lo son TODO, y TODO termina siendo nada para describir lo que mis amigas han hecho, hacen y (de hecho) harán por mí.
Sin embargo, y casi siempre, una termina teniendo a las amigas necesarias como para poder superar los traumas que el hijo de puta, que algún día –y eso dale por sentado- llegará a tu vida, te hará.
De las muchas chicas de mi generación que conozco casi todas han estado enamoradas alguna vez en sus vidas en diferentes magnitudes y circunstancias, eso sí. Pero enamoradas finalmente… Sin embargo, el mínimo común denominador de la mujer veinteañera de Lima es el haber pasado por el no ansiado HIJO DE PUTA. Todas hemos tenido uno que hemos catalogado así; quizá no catalogado en el momento siguiente de que terminaron con una y dejado en la misma mierda, basureadas, en el TRASH; No en ese momento en el que a pesar de TODO lo asqueroso que había sido con una, porque aún una lo seguía queriendo y defendiéndolo frente a las amigas. Es ese que tú aún recuerdas perfectamente –por más que ressetées tu cerebro- y que cada vez que lo haces sientes claramente, como un cascarón de huevo, algo que se raja en el órgano que está delante del corazón: el órgano del orgullo. Porque, la verdad, estos patas no nos rompen el corazón. Eso es lo que las malas novelas nos hacen pensar. Porque corazón, en comparación de ellos, es lo que nos sobra y nunca nos dejará de latir, aunque sí varíe un poco su ritmo. Porque lo que estos hombres producen en una es un golpe bajo: un golpe al orgullo… pero, tranquilas, nada más.

Ahora me pregunto: ¿siempre tiene que haber un hijo de puta en nuestras vidas que eleve el camino del indie-cado?

Quién no se acuerda de ese huev… que la hacía sufrir a una, ilusionándola con que algún día estaría con ella… mientras él tenía la relación de 4 años con la enamorada. De ese putazo, con el que además de haber sido tu primera vez, una noche te enteras no solo te engañaba con otra sino que, encima de todo, ésta espera un hijo de él –o quizá eras tú con la que él la engañaba-, ese que tu catalogabas como “elchicomáslindo y hermoso y fiel quejamásconocerás” cuando TODOS tus amigos sabían que se estaba jileandoa  tu mejor amiga… o el que es peor: A quién no le ha tocado ese HIJO DE PUTA que después de haberte perseguido meses para estar contigo y que luego que te llegas a enamorar de él descubres que, aparte de ser un cobarde, se hace la pichi y prefiere recitarte el ya conocido “lo que pasa es que necesito un tiempo para mí…”, el incapaz de decirte la verdad, incapaz de devolverte el mínimo de sinceridad con el que tú le trataste y decirte finalmente que ya no te quiere y que desea volver con su ex… y que tú, sin saber de esas intenciones, sigues creyendo que el pobre está pasando por un mal momento hasta que después de dos semanas te enteras por FACEBOOK que el “pobrecito” está en una relación con su ex.  Y lo peor que no es capaz de ocultarte las publicaciones de fotos, enlaces, y webadas que ambos se mandan al muro.

Descuida, que si no te ha tocado un tipo como este último sino uno menos bravo que este es también válido para decir que ése infeliz que te hizo pasar las noches más húmedas –y no por lo arrecha- sino por los lagrimones que votabas mientras intentabas dormir, porque gracias a él la cerveza en los tonos se te subía como ascensor a la cabeza y terminabas haciendo espectáculos de lo ebria que quedabas, ése que hace que por poco pierdas la esperanza de realmente encontrar a un hombre que te ame de verdad, ése fue el HIJO DE PUTA en tu vida.

“And the winner is….”
Creo que si las mujeres limeñas escribiéramos y publicáramos un libro de cada relación amorosa que una tiene con un hombre, creo que seríamos más sabias y nos volveríamos cada vez más lesbianas o protectoras de los animales. Jaaaaaa! Es broma! –el toque pícaro a la nota. Pero sería genial aplicarlo. Así comprobaríamos si es verdad lo que afirma la estimación poblacional, que de cada tres mujeres en Lima hay un hombre –o un gay que casi siempre termina siendo tu mejor amig@-.
Yo aprendí algo con mi penúltima relación: es que con los hombres nada se sabe y que nada, absolutamente NADA de lo que te diga se debe dar por sentado. Ellos cambian todos los días también. Si nosotras somos las hormonales, ellos se dejan llevar por el ritmo en el que un espermatozoide se dirige a un óvulo: o sea que van como locos, que no siempre llegan pero que siempre están intentando penetrar a una.

¡Díganme feminista! -------- ¡tomen mientras!

Sin embargo de todos los HIJOS DE PUTA en tu vida, puede que ninguno se lleve el premio al más hijo de puta… aunque depende. Hasta ahora yo ya encontré al mío y espero que sea el TOP 10 hasta que me muera.

He tenido relaciones muy malas, como relaciones hermosísimas  de los cuáles estoy más que admirada por mi buena elección de ex enamorados. Pero de la que más conservo el mal sabor es una que tenía que haber pasado. Como quien espera que todo lo que es lanzado hacia el cielo baje, o sea por ley natural, porque debería de pasar. ¿Y eso, por qué? se preguntarán. O sea para qué michi debo sentirme contentísima de haber conocido al HIJO DE PUTA  de mi vida. Pues bien… al parecer, como dicen los dichos: “después de la tormenta llega la calma”... y “siempre después de la noche, llega el nuevo día”… o “siempre hay un tesoro al final del arco iris”… son ciertas.

La mayoría de mis amigas ya superó lo que el HIJO DE PUTA que un día llegó a sus vidas les dejó –o sea el ego golpeado y una autoestima hasta el culo… sin olvidar el mal rato que se ha vivido-. Aunque algunas, con mucha fe, siguen superándolo. En realidad creo que superar al HIJO DE PUTA no es un logro a corto plazo… porque finalmente siempre terminaremos hablando de él o al menos lo tendremos presente para no cometer los mismos errores una vez más. O lo que es lo peor, que esté dentro de nuestro mismo círculo de amigos. Claro que  siempre podremos recurrir en hacernos las locas y hacer creer a todo el mundo  -incluyendo a nosotras mismas- que “aquí no pasó nada” o que “todo fresh”. Lo que sea. Háganse las locas si quieren, pero que eso les sirva al reconocer al nuevo sujeto que aparecerá en nuestra vida próximamente. Porque, así como “desde la noche más oscura sale el sol” y etc., también casi siempre después del HIJO DE PUTA es cuando llega el INDIE-CADO. Mi indie-cado apareció inmediatamente ocurrida la resignación de NUNCA MÁS VOLVERÉ A ENCONTRAR A UN CHICO COMO ÉL – y ÉL es el HIJO DE PUTA DE TU VIDA.

Nos enceguecemos, nos entercamos, nos cerramos, evitamos superar el recuerdo del hijo de puta, vamos a terapias, psiquiatras, tomamos licor más de la cuenta, nos volvemos bloggeras -J - nos volvemos adictas al stokeo, somos las chicas malas que chapan chicos desconocidos y luego les importa un bledo volverlos a ver, nos acostamos con imbéciles que nada que ver todo con el afán de olvidarlo,  sentimos que lo admiramos y amamos a  pesar que nos ha tratado como basura, o que ya dejó de contestarnos el teléfono en las noches cuando ebria lo llamamos; nos sentimos golpeadas, nos sentimos imbéciles y tontas, brutas cada vez que lo vemos pasando con su actual enamorada… y lloramos cada vez que lo recordamos… hasta pensamos en él, y hasta lo perdonamos…

Así que HIJO DE PUTA querido de mi vida, relax, estás perdonado. Y gracias por aunque sea tener la decencia de mirarme a la cara después de lo que hiciste y pedirme disculpas… acá se valora el esfuerzo, hijo. Tranquilo, que aún se le guarda estima. Pero de lejitos siempre será más bonito.

A los HIJOS DE PUTA de mis amigas, a esos que tuve el desagrado de escucharlos nombrar cada vez que acompañaba a vomitar a una amiga al baño después de haberse tomado tan solo dos venenos en @Tizón; o al que escuchaba tras el teléfono de una amiga que llorando lo llamaba; o al imbécil que aún hace que mi amiga se ponga triste y que sea incapaz de pisar una trattoria porque el HIJO DE PUTA ahí toca todas las noches; de ése que no se le da la gana de aparecer y reconocer a la hija de una de mis mejores amigas… ésos sí que me caen recontra mal.

Pero gracias a Dios –para las que creen en él como yo- o a los aliens -para las más necias o anarcas- que hizo a la mujer de naturaleza amiguera, para poder superar en comunidad de género las mierdas más mierdas dejadas por los hombres y de que renazcamos de nuestras cenizas, cuál fénix, siempre que nos toque el HIJO DE PUTA.

Pero recuerda… el HDP es solo el preámbulo para dar inicio a los tiempos del “INDIE-cado” o el que siempre deberíaser-peronuncafue. Aprendamos de nuestras relaciones pasadas, pero no moremos en el pasado precisamente. Sino que tomemos impulso para empezar de nuevo. Porque finalmente, el corazón una siempre lo tiene grande y el ego es un órgano que, cuando es golpeado, siempre termina por cicatrizarse. 

miércoles, 4 de enero de 2012

O sea, Lo viejo supera lo nuevo (¿?)

Las doce del 1 de enero del 2012, al empujarte las doce uvas o al brindar con champán, o al hacer tu cábala favorita, no se te ha olvidado decir tus deseos pendientes para el año que viene. Eso es costumbre de casi todas las mujeres limeñas que esperamos con ansias la llegada de un nuevo año pidiendo (“milagros”) que nos cambie la vida a mejor, o  que consigamos el trabajo soñado, que nos vaya bien en los estudios para las más monses, y para las que son más complicadas piden que este año les traiga un novio lindo, profesional, con plata, maduro, que la ame, que tenga una chamba estable y que no tenga patas con los cuales perderse los fines de semana…AH! Y además algunas piden que el pata con el que han estado los más de 6 años de novios, les pida tan ansiadamente “la mano” y puedan lograr el sagrado matrimonio del cual solo a nosotras nos interesa mostrarle al mundo y especialmente a las amigas solteronas que nos queda estupendo el vestido blanco, la magnífica boda y las fotografías para ponerlas en facebook y taggear a tutilimundi.

Sin embargo, puede que para muchas que ya tenemos o contamos con algunos de los principales deseos antes nombrados nos dé igual el tener que tragarnos las uvitas con pepa una vez que el pavazo que se quedó en la radio a chambear en año nuevo diga “Feliz año nuevo”. Acaso las limeñas comprometidas no tomamos en cuenta a quiénes tenemos a nuestro lado y nos deprime el tener que pedir deseos de algo nuevo? Total… ya tenemos algo viejo que traemos quizá desde este o más años atrás.

Acaso ¿es que no solo algunas de las limeñas sino las mujeres en general, perdemos un poco la ilusión de las fiestas que aventuran a lo “nuevo” cuando ya se tiene que seguir viviendo una relación que ha superado el año pasado o los incesantes años de la adolescencia limeña, y nos gana el pesimismo de las fiestas de fin de año? En verdad, ¿podemos renovar nuestra relación todos los años nuevos?

O sea, Lo viejo supera lo nuevo (¿?)

31 de diciembre, una de la tarde, recibo la llamada de una amiga que ha estado y está en una de las relaciones más largas de su historia amorosa. A sus 22 años, quizá no sea buena edad para enamorarse, pero ha encontrado al chico que le calza perfectamente cuál zapatilla de cristal a cenicienta. De todas formas, su llamada me hizo pensar lo infelices que alguna de nosotras, limeñas acostumbradas al feminismo limeño (feminismo por conveniencia que convive perfectamente con el machismo: o sea cuando nos conviene somos mujeres y delicadas y débiles, y otras veces somos y lo podemos hacer todo) estamos acostumbradas a ver en nuestras propias relaciones y las relaciones de los demás, la oportunidad de juzgarnos  a través de ellas acerca de quiénes somos, y casi siempre negativamente. Es curioso, porque esta amiga se rehusaba pasar año nuevo con su actual pareja. O sea, le parecía tedioso, aburrido, monsesazo tener que pasarla con el mismo huevón de siempre. Lo que no entendía era por qué no quería pasarla con él, cuando gran parte de su adolescencia ha pasado  las doce de un 1 de enero, de un nuevo año,  ya sea  con su mejor amiga, su gato y/o su madre. Este era su primer año nuevo que la pasaba en una relación, al fin. ¿Por qué no alegrarse en esta fecha de al menos pasarla con alguien que fijo ha estado ahí algunos meses y que posiblemente se arriesgue a seguir pasando más treinta y unos o primeros de enero con ella? Por qué creer que el año nuevo consiste en llamar cosas nuevas y no en conservar aquellas cosas “viejas”  que algún día gozaron de ser “nuevas”. Siempre he pensado que  la prenda favorito  de una es  la más vieja por la simple razón de que más  tiempo a ti ha estado, que una nueva que recién hayas comprado.

Yo por mi parte acepté la propuesta de mi actual pareja de pasarla con él, en familia. Cansados de la vida joven  nocturna limeña preferimos buscar algo mejor y más acogedor que eso. La familia finalmente es otra de las tradiciones más viejas y menos aburridas (creo) que hay para optar por pasar el año nuevo con ellos antes que salir de casa a cualquier tono o campamento. El grito de horror con el que mis amigas recibieron la noticia, al escuchar que me iría a casa de los padres del chico que ha sobrevivido a mis constantes torturas, depresiones y cambios de humor constantes, soportado mis indecisiones, mal humor,  y rechazos, fue una situación que no me pude controlar e hice este post. Para serles sinceras, no creo que me case este año, y tampoco lo había pensando, pero de hecho, pienso que no tengo miedo de hacerlo. Jaaaaaaa! Ya me CAGUÉ

Muy aparte que lo considero mucho, creo que el tiempo en mí y en él no ha pasado por las puras. Lo conozco casI de inicios del año pasado (2011) y la verdad, 1 de enero que es ahora, no tengo intenciones de cambiarlo, no al menos de los siguientes meses. DÍGANME QUE ESTOY CABRONAMENTE ENAMORADA! QUE NOS ES PECADO. Pecado es perder el tiempo con una persona y dejarse ganar por el miedo a no intentarlo o no entregándolo todo. Las relaciones de pareja, y menos cuando uno tiene veinte años, no duran para toda la vida… bueno, algunas sí… pero digamos que más del cincuenta por ciento de limeñas está soltera  porque ha decidió estarlo  o simplemente la pasa bien con un chico y nada más. Ambas son válidas. Pero chica que lees este post y estas con novio, si aún lo tienes y sabes que te quiere, déjame decirte que eres muy afortunada.

Las cosas nuevas siempre son más atractivas de las cosas viejas que tenemos por varias razones obvias. Sin embargo, como dice el ya conocido dicho “siempre es mejor  viejo conocido, que nuevo por conocer”. A veces reconocer el valor de las cosas y mucho más cuando de personas se trata es un tanto complicado de reconocer. Ponerle precio a una persona eso jamás se ha visto… sin embargo, te pregunto si ¿estarías dispuestas (si tienes novio) a cambiarlo por un nuevo y práctico vibrador de baterías interminables? … creo al menos tu primera respuesta inmediata sería NI CAGANDO PUES, NI LOCA. De hecho, las personas no tienen precio, por eso el valor agregado que uno puede colocarle a la persona con la cual está en una relación es importante e interesante, así como relativo, puesto que eso dice mucho de nosotras y de lo que pensamos sobre ellos.

Sinceramente, me di cuenta, aunque gracias al cielo no tarde, de que quería divertido pasar al menos el año nuevo con esa persona la cual amo y aprecio, y no me da roche decírselo (no al menos a él) Y creo que mi amiga de 22 y de una relación largísima, tampoco. Creo a veces las cosas más viejas cobran un valor tan importante en nosotras, que tenemos miedo y nos olvidamos de seguir pidiendo su permanencia en nuestras vidas. Nos olvidamos de reconocer lo trascendental que ha sido a lo largo del tiempo que hemos pasado con él y nos centramos en el pesimismo del comportamiento cotidiano de pareja. A veces nos olvidamos de pedir que ese chico del cuál llevamos ya unos meses saliendo, o estando enamoradas, o años de enamorados, nos siga queriendo, amando y soportando  como cuando recién nos conoció. Que nos quiera como la primera vez. Así que chicas, nunca es tarde para pedir deseos, y sería paja que pidan a las doce del día 3 de enero o a los reyes magos, el 6, que NUNCA se canse de tirar con una, que siga tolerando con paciencia cuando nos ponemos hormonales, que siempre nos mire con la misma cara de huevón de siempre, que se enamore cada día más de nosotras, o que se ponga gordo obeso para que nadie en la oficina lo mire con deseo, que deje de fumar y que con lo que ahorre la invite a uno a pasar unas vacaciones en una playa lujuriosa, o que dure más de cinco minutos en la cama… no sé… la imaginación y sus experiencias personales le susurrarán al oído qué pedir.

Estos son momentos mágicos en los que uno cree que el cosmos la escucha a una y que en realidad cosas sorprendentes llegarán si lo pedimos en el trascurso de 60 segundos de las 00:00 del primero del primer mes del nuevo año.

Que nunca se pierda la maldita costumbre de creer así como que nunca se pierda la costumbre de ser  unas limeñas cachivacheras y otorgarle valor a lo ya viejito. (Cachivacheras porque nos cuesta limpiar nuestros dormitorios cada 31 de diciembre y descubrir que tenemos que botar a la basura la primera envoltura de caramelo del primer caramelo que él nos regalo – exageré las situación, pero somos recontra cachivacheras, guardamos TODO)

Finalmente, mi amiga me contó que pasó una tremenda “noche buena” todo el primero y parte del segundo.  Me contó que nunca la había pasado tan bien con su chico de casi 9 meses, y que al comer las doce uvas y regarse el champán encima, pidió que por favor, el sujeto, dejara el play station, que se cambiara de chamba a uno mejor donde lo valoraran más como el artista que es y que nunca se aburra de acompañarla a comprar zapatos porque finalmente ella ama la opinión de terceros.

Yo, por mi parte, nunca había visto el cielo de Chorrillos con estrellas tan brillantes y de un color negro profundo. Así como nunca había deseado estar con otra persona en ese momento, en la terraza de una casa y con dos copas de vino, que no sea nadie más que con él.

Así mismo, y para confesarles, también pedí serle fiel, que es lo más difícil al menos para mí.