Las doce del 1 de enero del 2012, al empujarte las doce uvas o al brindar con champán, o al hacer tu cábala favorita, no se te ha olvidado decir tus deseos pendientes para el año que viene. Eso es costumbre de casi todas las mujeres limeñas que esperamos con ansias la llegada de un nuevo año pidiendo (“milagros”) que nos cambie la vida a mejor, o que consigamos el trabajo soñado, que nos vaya bien en los estudios para las más monses, y para las que son más complicadas piden que este año les traiga un novio lindo, profesional, con plata, maduro, que la ame, que tenga una chamba estable y que no tenga patas con los cuales perderse los fines de semana…AH! Y además algunas piden que el pata con el que han estado los más de 6 años de novios, les pida tan ansiadamente “la mano” y puedan lograr el sagrado matrimonio del cual solo a nosotras nos interesa mostrarle al mundo y especialmente a las amigas solteronas que nos queda estupendo el vestido blanco, la magnífica boda y las fotografías para ponerlas en facebook y taggear a tutilimundi.
Sin embargo, puede que para muchas que ya tenemos o contamos con algunos de los principales deseos antes nombrados nos dé igual el tener que tragarnos las uvitas con pepa una vez que el pavazo que se quedó en la radio a chambear en año nuevo diga “Feliz año nuevo”. Acaso las limeñas comprometidas no tomamos en cuenta a quiénes tenemos a nuestro lado y nos deprime el tener que pedir deseos de algo nuevo? Total… ya tenemos algo viejo que traemos quizá desde este o más años atrás.
Acaso ¿es que no solo algunas de las limeñas sino las mujeres en general, perdemos un poco la ilusión de las fiestas que aventuran a lo “nuevo” cuando ya se tiene que seguir viviendo una relación que ha superado el año pasado o los incesantes años de la adolescencia limeña, y nos gana el pesimismo de las fiestas de fin de año? En verdad, ¿podemos renovar nuestra relación todos los años nuevos?
O sea, Lo viejo supera lo nuevo (¿?)
31 de diciembre, una de la tarde, recibo la llamada de una amiga que ha estado y está en una de las relaciones más largas de su historia amorosa. A sus 22 años, quizá no sea buena edad para enamorarse, pero ha encontrado al chico que le calza perfectamente cuál zapatilla de cristal a cenicienta. De todas formas, su llamada me hizo pensar lo infelices que alguna de nosotras, limeñas acostumbradas al feminismo limeño (feminismo por conveniencia que convive perfectamente con el machismo: o sea cuando nos conviene somos mujeres y delicadas y débiles, y otras veces somos y lo podemos hacer todo) estamos acostumbradas a ver en nuestras propias relaciones y las relaciones de los demás, la oportunidad de juzgarnos a través de ellas acerca de quiénes somos, y casi siempre negativamente. Es curioso, porque esta amiga se rehusaba pasar año nuevo con su actual pareja. O sea, le parecía tedioso, aburrido, monsesazo tener que pasarla con el mismo huevón de siempre. Lo que no entendía era por qué no quería pasarla con él, cuando gran parte de su adolescencia ha pasado las doce de un 1 de enero, de un nuevo año, ya sea con su mejor amiga, su gato y/o su madre. Este era su primer año nuevo que la pasaba en una relación, al fin. ¿Por qué no alegrarse en esta fecha de al menos pasarla con alguien que fijo ha estado ahí algunos meses y que posiblemente se arriesgue a seguir pasando más treinta y unos o primeros de enero con ella? Por qué creer que el año nuevo consiste en llamar cosas nuevas y no en conservar aquellas cosas “viejas” que algún día gozaron de ser “nuevas”. Siempre he pensado que la prenda favorito de una es la más vieja por la simple razón de que más tiempo a ti ha estado, que una nueva que recién hayas comprado.
Yo por mi parte acepté la propuesta de mi actual pareja de pasarla con él, en familia. Cansados de la vida joven nocturna limeña preferimos buscar algo mejor y más acogedor que eso. La familia finalmente es otra de las tradiciones más viejas y menos aburridas (creo) que hay para optar por pasar el año nuevo con ellos antes que salir de casa a cualquier tono o campamento. El grito de horror con el que mis amigas recibieron la noticia, al escuchar que me iría a casa de los padres del chico que ha sobrevivido a mis constantes torturas, depresiones y cambios de humor constantes, soportado mis indecisiones, mal humor, y rechazos, fue una situación que no me pude controlar e hice este post. Para serles sinceras, no creo que me case este año, y tampoco lo había pensando, pero de hecho, pienso que no tengo miedo de hacerlo. Jaaaaaaa! Ya me CAGUÉ
Muy aparte que lo considero mucho, creo que el tiempo en mí y en él no ha pasado por las puras. Lo conozco casI de inicios del año pasado (2011) y la verdad, 1 de enero que es ahora, no tengo intenciones de cambiarlo, no al menos de los siguientes meses. DÍGANME QUE ESTOY CABRONAMENTE ENAMORADA! QUE NOS ES PECADO. Pecado es perder el tiempo con una persona y dejarse ganar por el miedo a no intentarlo o no entregándolo todo. Las relaciones de pareja, y menos cuando uno tiene veinte años, no duran para toda la vida… bueno, algunas sí… pero digamos que más del cincuenta por ciento de limeñas está soltera porque ha decidió estarlo o simplemente la pasa bien con un chico y nada más. Ambas son válidas. Pero chica que lees este post y estas con novio, si aún lo tienes y sabes que te quiere, déjame decirte que eres muy afortunada.
Las cosas nuevas siempre son más atractivas de las cosas viejas que tenemos por varias razones obvias. Sin embargo, como dice el ya conocido dicho “siempre es mejor viejo conocido, que nuevo por conocer”. A veces reconocer el valor de las cosas y mucho más cuando de personas se trata es un tanto complicado de reconocer. Ponerle precio a una persona eso jamás se ha visto… sin embargo, te pregunto si ¿estarías dispuestas (si tienes novio) a cambiarlo por un nuevo y práctico vibrador de baterías interminables? … creo al menos tu primera respuesta inmediata sería NI CAGANDO PUES, NI LOCA. De hecho, las personas no tienen precio, por eso el valor agregado que uno puede colocarle a la persona con la cual está en una relación es importante e interesante, así como relativo, puesto que eso dice mucho de nosotras y de lo que pensamos sobre ellos.
Sinceramente, me di cuenta, aunque gracias al cielo no tarde, de que quería divertido pasar al menos el año nuevo con esa persona la cual amo y aprecio, y no me da roche decírselo (no al menos a él) Y creo que mi amiga de 22 y de una relación largísima, tampoco. Creo a veces las cosas más viejas cobran un valor tan importante en nosotras, que tenemos miedo y nos olvidamos de seguir pidiendo su permanencia en nuestras vidas. Nos olvidamos de reconocer lo trascendental que ha sido a lo largo del tiempo que hemos pasado con él y nos centramos en el pesimismo del comportamiento cotidiano de pareja. A veces nos olvidamos de pedir que ese chico del cuál llevamos ya unos meses saliendo, o estando enamoradas, o años de enamorados, nos siga queriendo, amando y soportando como cuando recién nos conoció. Que nos quiera como la primera vez. Así que chicas, nunca es tarde para pedir deseos, y sería paja que pidan a las doce del día 3 de enero o a los reyes magos, el 6, que NUNCA se canse de tirar con una, que siga tolerando con paciencia cuando nos ponemos hormonales, que siempre nos mire con la misma cara de huevón de siempre, que se enamore cada día más de nosotras, o que se ponga gordo obeso para que nadie en la oficina lo mire con deseo, que deje de fumar y que con lo que ahorre la invite a uno a pasar unas vacaciones en una playa lujuriosa, o que dure más de cinco minutos en la cama… no sé… la imaginación y sus experiencias personales le susurrarán al oído qué pedir.
Estos son momentos mágicos en los que uno cree que el cosmos la escucha a una y que en realidad cosas sorprendentes llegarán si lo pedimos en el trascurso de 60 segundos de las 00:00 del primero del primer mes del nuevo año.
Que nunca se pierda la maldita costumbre de creer así como que nunca se pierda la costumbre de ser unas limeñas cachivacheras y otorgarle valor a lo ya viejito. (Cachivacheras porque nos cuesta limpiar nuestros dormitorios cada 31 de diciembre y descubrir que tenemos que botar a la basura la primera envoltura de caramelo del primer caramelo que él nos regalo – exageré las situación, pero somos recontra cachivacheras, guardamos TODO)
Finalmente, mi amiga me contó que pasó una tremenda “noche buena” todo el primero y parte del segundo. Me contó que nunca la había pasado tan bien con su chico de casi 9 meses, y que al comer las doce uvas y regarse el champán encima, pidió que por favor, el sujeto, dejara el play station, que se cambiara de chamba a uno mejor donde lo valoraran más como el artista que es y que nunca se aburra de acompañarla a comprar zapatos porque finalmente ella ama la opinión de terceros.
Yo, por mi parte, nunca había visto el cielo de Chorrillos con estrellas tan brillantes y de un color negro profundo. Así como nunca había deseado estar con otra persona en ese momento, en la terraza de una casa y con dos copas de vino, que no sea nadie más que con él.
Así mismo, y para confesarles, también pedí serle fiel, que es lo más difícil al menos para mí.
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